| La Ronda de Jesús |
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| Escrito por Comisión IV Centenario |
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Desde los orígenes de la Cofradía, esquila, clarín y tambor (antaño timbal), han anunciado la llamada a la Procesión en recuerdo de aquella trágica madrugada en la que se produjo el prendimiento de Jesús.
Así, todos los Jueves Santos, cuando el reloj de la Catedral marca las doce en punto de la noche -en realidad las cero horas del Viernes Santo- los hermanos de Jesús Nazareno encabezados por su Abad y Junta de Seises y teniendo como protagonistas a los componentes de "La Ronda", acuden ante las autoridades civiles, eclesiásticas y militares de la ciudad así como ante el resto de los hermanos, a anunciar la Salida de la Procesión de los Pasos.Esquila, clarín y tambor rasgan el silencio de la noche leonesa con sus peculiares toques de llamada, entonando seguidamente uno de los hermanos la secular frase: "LEVANTAOS HERMANITOS DE JESÚS, QUE YA ES HORA". Durante toda la noche y por todas las calles, plazas y esquinas de la ciudad bimilenaria, estos hermanos repetirán insomnes la llamada a la Procesión en idénticos términos. El despertar mágico con los sonidos de La Ronda, no sólo lo reciben el Obispo, Alcalde y otras autoridades, sino también un gran número de hermanos que esperan, ansiosos, la voz que les despierta para acudir a la Procesión. Cada año, por otra parte, en los toques a las autoridades, es cada vez más grande el número de curiosos espectadores que contemplan este típico evento leonés- La figura de "La Ronda" de Jesús, por su antigüedad demostrada, raigambre popular y originalidad, cuentan con los títulos de "Interés Turístico", "Interés Turístico Regional", "Interés Turístico Nacional" y por último "Interés Turístico Internacional". LA RONDALa noche del Jueves Santo tiene un misterio imponente. Las estrellas hacen guardia en los cuarteles celestes. La luna, toda redonda, parece fluorescente y tiene un brillar extraño de secreto que adormece. El azabache nocturno a la Catedral envuelve y un viento de primavera en sus piedras se retuerce. La ciudad está en descanso, las calles están silentes, y una paz antigua nace entre la quietud solemne. Las horas de las tinieblas van pasando lentamente, y, confuso y turbador, algo raro se presiente. De pronto suena una esquila triste, plañideramente, y a su toque funerario se sobrecoge el ambiente. Luego se oye un clarín con alaridos de muerte. Es como un grito de sangre Que a la noche empavorece. Después retumba un tambor destemplado, bronco, fuerte. Es redoblar de patíbulo Que a la ciudad estremece. Y con ecos milenarios, con la tradición de siempre, una voz pregona, aguda, la llamada penitente: - ¡Levantaos, hermanos de Jesús, que ya es hora! - León se llena de angustia, el miedo se hace creciente, la noche se queda rota, sobresaltada y gimiente. Por las calles leonesas pasa la “Ronda”, inclemente, con todos sus espeluznos en marcha lenta, doliente. La noche del Jueves Santo tiene un misterio imponente. Acuchilladas las sombras, Viernes Santo ya amanece. Máximo CAYÓN WALDALISO. León, 1982 |



Así, todos los Jueves Santos, cuando el reloj de la Catedral marca las doce en punto de la noche -en realidad las cero horas del Viernes Santo- los hermanos de Jesús Nazareno encabezados por su Abad y Junta de Seises y teniendo como protagonistas a los componentes de "La Ronda", acuden ante las autoridades civiles, eclesiásticas y militares de la ciudad así como ante el resto de los hermanos, a anunciar la Salida de la Procesión de los Pasos.